Cuando El Tiempo de Dios Se Tarda Demasiado

Por Joyce Meyer

Cuando El Tiempo de Dios Se Tarda Demasiado

Todos nosotros queremos que cosas buenas suceden en nuestras vidas, pero también a menudo las queremos ahora…no después. Cuando no sucede de esta manera, estamos tentados a preguntar, “¿Cuándo Dios Cuándo?” La mayoría de nosotros necesitamos crecer en el área de confiar en Dios en vez de enfocarnos en la pregunta de “cuándo.” Estás perdiendo el gozo y la paz, no estás confiando en Dios. Si tu mente se siente agotada todo el tiempo, no estás confiando en Dios.

La tendencia de querer saber todo lo que está pasando pueda ser perjudicial en tu camino cristiano. A veces saber todo pueda ser incómodo e incluso te pueda lastimar. Yo pasé una gran parte de mi vida siendo impaciente, frustrada y desanimada porque había cosas que yo no sabía. Dios tuvo que enseñarme a dejar estas cosas y dejar de sentirme como que yo tenía que saber todo. Por fin, aprendí a confiar en Él quien sabe todo y aceptar que algunas preguntas tal vez nunca serían contestadas. Probamos que confiamos en Dios cuando nos rehusamos a preocuparnos.

Dios quiere que vivamos con discernimiento-conocimiento de revelación, no conocimiento de nuestra propia mente. Es difícil ejercer el discernimiento si siempre estás intentando resolver todo. Pero cuando estás dispuesto a decir, “Dios, yo no puedo resolver esto, por eso voy a confiar en Ti para que me des la revelación que me hará libre,” entonces tú podrás sentirte tranquilo a pesar de no saber. Confiar en Dios muchas veces requiere no saber cómo Dios va a realizar lo que es necesario hacer y no saber cuándo Él va a hacerlo. Muchas veces decimos que Dios nunca llega tarde, pero generalmente tampoco Él llega temprano. ¿Por qué? Porque Él usa estos tiempos de espera para ensanchar nuestra fe en Él y traer el cambio y crecimiento en nuestras vidas.

Esperar con Paciencia

Pasamos mucho tiempo en nuestras vidas esperando, ya que el cambio es un proceso. Muchas personas quieren cambiar, pero no quieren pasar a través del proceso de espera. Pero la verdad es, esperar es algo dado, vamos a esperar. La pregunta es, ¿si vamos a esperar en la manera incorrecta o correcta? Si esperamos en la manera incorrecta, seremos infelices; pero si decidimos esperar en la manera que Dios quiere, nos podemos volver paciente y disfrutar la espera. Se necesita práctica, pero mientras que permitimos que Dios nos ayude en cada situación, desarrollamos la paciencia, la cual es una de las virtudes cristianas más importantes. La paciencia es un fruto del Espíritu (Lee Gálatas 5:22). Se desarrolla solamente bajo la prueba, por eso no debemos escapar de las situaciones difíciles. “Pero procuren que la paciencia complete su obra, para que sean perfectos y cabales, sin que les falta nada.” (Santiago 1:4).

Mientras que desarrollamos la paciencia, la Biblia dice que seremos perfectos y cabales sin que nos falte nada. Aún nuestra relación con Dios involucra cambios progresivos. Mi relación con Dios es muy diferente ahora en comparación a mis primeros días de experiencia cristiana. No es tan emocionante emocionalmente… y sin embargo es mejor. Cada cambio que he tenido me ha hecho más madura, sólida y bien fundamentada. Aprendemos a confiar en Dios mientras que pasamos a través de muchas experiencias que requieren la confianza. Cuando vemos la fidelidad de Dios una a otra vez, dejamos de frustrarnos, y gradualmente ponemos toda nuestra confianza en Él. Al verlo así, es fácil ver cómo el tiempo juega un papel importante en aprender a confiar en Dios. Si Él hiciera todo lo que pedimos de inmediato, nunca creceríamos y desarrollaríamos. El tiempo y la confianza trabajan uno al lado del otro.

Aceptando El tiempo de Dios

Dios nos da la esperanza y los sueños para que ciertas cosas suceden en nuestras vidas, Él no siempre nos permite ver exactamente el tiempo justo de Su plan. Aunque frustrante, no saber el tiempo exacto es muchas veces lo que nos mantiene en el camino. Hay veces cuando tal vez nos demos por vencidos si supiéramos cuanto tiempo tomará, pero cuando aceptamos el tiempo de Dios, podemos aprender a vivir en la esperanza y disfrutar nuestras vidas mientras que Dios está obrando en nuestros problemas. Sabemos que Dios tiene un buen plan para nuestras vidas, y cuando nos entregamos a Él, podemos experimentar la paz completa y la felicidad.

El libro del Génesis cuenta la historia de José, quien esperó muchos años para cumplir el sueño que Dios le había dado. Fue falsamente acusado y encarcelado antes de que llegara el momento de hacer lo que Dios le había mostrado que debía hacer. Éxodo 17-18 nos dice que Dios guio a los Israelitas a través del camino más largo y más duro en su viaje a la Tierra Prometida porque Él sabía que no estaban listos para entrar. Tuvo que ser un tiempo de preparación, y ellos tuvieron que pasar a través de situaciones muy difíciles. Perdieron mucho tiempo preguntándose acerca del tiempo de Dios, pero Dios nunca falló en cuidarles y mostrarles lo que Él quería que ellos hicieran. Es la misma verdad para nuestras vidas. Fueron muchos años después de que recibí mi llamado de parte Dios en febrero 1976 hasta que yo finalmente empecé a ver el cumplimiento mayor en lo que Dios me llamo a hacer. El período de entrenamiento de Dios simplemente requiere que hagamos lo que Él nos dice que hagamos cuando Él nos diga que lo hagamos … sin cuestionar o tratar de resolver todo.

Aprende a Confiar en Dios

Proverbios 16:9 (LBLA) dice, “La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos.” Proverbios 20:20 (LBLA) dice, “Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, ¿cómo puede, pues, el hombre entender su camino?” Cuando Dios nos dirige en nuestros caminos, a veces nos guía en maneras que no tienen sentido para nosotros, entonces no siempre vamos a entender todo. Si intentamos resolver todo, experimentaremos dificultad, confusión e infelicidad, pero hay una mejor manera. Proverbios 3:5-6 (LBLA), “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas.” Esto parece sencillo, pero demasiadas personas cometen el error de intentar resolver todo por sí mismos. La mayoría de nosotros hemos pasado nuestras vidas tratando de cuidarnos a nosotros mismos, pero cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, debemos aprender a confiar nuestras vidas a Su cuidado. Cuando lo hacemos, podemos decir con el salmista, “…yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos…” (Salmo 31:14-15 RVR1960).

1 Pedro 5:5 (LBLA) nos dice que, “…Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.” Cualquiera que piense que es un hombre o mujer hecho por sí mismo tiene un tosco despertar porque Jesús dijo, “…porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:5 LBLA) La humildad es una cobertura que atrae la ayuda de Dios a nuestras vidas para protegernos. Cuando nos humillamos al decir: “Dios, no sé qué hacer, pero estoy confiando en Ti”, Dios se pone en marcha para ayudarnos. Dios no nos permitirá tener éxito en nada a menos que estemos apoyándonos y confiando en Él. Pero cuando nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios, a su debido tiempo, Él nos exaltará. (Ve 1 Pedro 5:6). “El tiempo justo” es el tiempo de Dios, cuando Dios sabe que estamos listos, no cuando nosotros pensemos que estamos listos. Cuanto antes comprendamos y aceptamos eso, más pronto Dios podrá obrar Su plan en nuestras vidas.

Desde la Siembra a la Cosecha

Eclesiastés 3:1 nos dice, “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Esto nos deja saber que no todos vivimos en la misma temporada al mismo tiempo. Nunca debes estar celoso de una persona que está disfrutando de la cosecha mientras que tu aun estas en una temporada de siembra. Recuerda, ellos tuvieron que pasar a través de una temporada de siembra, así como tú. Viendo los resultados que ellos están disfrutando debe de ser de aliento para ti. Entiende y confía que Dios está haciendo lo mejor por ti y tu presente temporada. La siembra representa aprender la voluntad de Dios. Cada vez que yo elijo la voluntad de Dios en vez de la mía, estoy sembrando una buena semilla que eventualmente resultará en una cosecha en mi vida. Si quieres salir victorioso, no puedes permitirte entrar en el sistema mundial, haciendo lo que quieras. Santiago 1:21(LBLA) nos dice lo que debemos hacer, “…desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas.”

Tu alma es tu mente, tu voluntad y tus emociones. Cuando la Palabra se arraiga allí y empieza a cambiar tu mente, comenzará a sanar tus emociones y alejará tu voluntad de la voluntad propia a hacer la voluntad de Dios. Vivir desde el alma es igual de quedar en el desierto. Cuando mi carne por fin fue crucificada, y yo pude quitarme de lo que mi alma quería y hacer la voluntad de Dios, es cuando yo entré en la tierra prometida. La tierra prometida es el conocimiento de quién eres en Cristo, el conocimiento de cómo tener una relación personal con Él, disfrutando Su presencia, tener la paz, el contentamiento y el gozo. Entre la siembra y la cosecha viene el tiempo de esperar. Después de sembrar una semilla, el calor, la humedad y la presión del suelo finalmente hacen que la cascara exterior se rompa. Luego, las raíces se echan abajo, cavando en el suelo. Toma tiempo para que esto pase, y pasa bajo el suelo. Arriba del suelo, no puedes ver que algo está pasando. Así es en nuestras vidas. Después de que sembramos semillas de obediencia, nos sentimos como que nada está pasando, pero muchas cosas están pasando por dentro que no podemos ver. Y como la semilla que por fin estalla del suelo con un hermoso brote verde, nuestras semillas de obediencia por fin estallarán a una bella manifestación de Dios en nuestras vidas.

Cuando llega el momento de la cosecha, los deseos de tu corazón comienzan a manifestarse, las ataduras te abandonan y ves que tus sueños se cumplen. Ves a tus hijos cambiando y a tu familia siendo salva.

La prosperidad, el favor, el ascenso, el honor, y todo tipo de cosas buenas salen a la luz y se les puede ver. En la época de la cosecha, más que nunca, escuchas de Dios, disfrutas de Su presencia y eres guiado por el Espíritu. Las bendiciones comienzan a perseguirte por la calle, y la alegría y el deleite tranquilo se convierten en tu estado de ánimo normal. ¿Estás cansado de esperar el momento de la cosecha en tu vida? Estás frustrado, gritando: ¿Cuándo Dios, cuando? Entonces necesitas entender que el tiempo de Dios es a menudo un misterio. Él no hace cosas en nuestro horario. Sin embargo, Su Palabra promete que no llegará tarde, ni un solo día. Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá. Habacuc 2:3

¡Dios hace que cosas suceden en el tiempo justo! ¡Tu trabajo no es averiguar cuándo, sino decidirte que no te darás por vencido hasta que cruces la línea de meta y estés viviendo en las maravillosas bendiciones de Dios! Mientras más confíes en Jesús y mantengas tus ojos enfocados en Él, más vida tendrás. Confiar en Dios trae vida. Creer trae descanso. Así que deja de intentar resolver todo y deja que Dios sea Dios en tu vida.

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